martes, 22 de marzo de 2011

Las cajas serán fusiladas al amanecer

Jose Garcia Abad

El presidente Zapatero y la vicepresidenta económica, Elena Salgado, tienen razón: hay que actuar con calma en política nuclear sin dejarnos llevar por el pánico producido por los efectos del tsunami que tan duramente castiga a Japón. Lo lamentable es que ni el presidente ni la vicepresidenta hayan aplicado la misma doctrina de serenidad, salvando las debidas distancias, al tsunami financiero que ha afectado a todo el mundo, pero con más rigor a los españoles.


Zapatero, que se ha retrasado en el saneamiento del sistema financiero, ha actuado en las cajas de forma radical bajo el efecto del pánico y lo ha hecho con alevosía cargándose de un plumazo a estas entidades que han funcionado razonablemente a lo largo de siglos. Son la mitad del sistema financiero, por lo que han podido garantizar la competencia en el sector actuando como un contrapoder al duopolio bancario del Santander y BBVA; y han hecho una labor social y cultural muy meritoria.

Son, en definitiva, un patrimonio de todos los españoles que desaparecerán de un implacable plumazo convertidas en bancos, achatarradas o vendidas a precio de saldo. Una actuación más en vena de liberalismo salvaje, atropelladas por la caída del caballo sufrida por el presidente en su camino de Damasco en el que todavía nos esperan grandes fenómenos.

En efecto, Elena Salgado, en una cita semiclandestina con inversores norteamericanos, lo ha proclamado con un entusiasmo digno de mejor causa. La vicepresidenta ha presumido en el foro del Consejo de Relaciones Exteriores que dirige Robert Rubin, quien fuera secretario de Estado en la Administración de Bill Clinton, de que “en tiempo récord” el presidente ha adoptado más medidas impopulares que cualquier otro gobernante europeo: congelación de pensiones, retraso de la edad de jubilación, recorte del sueldo de los funcionarios, etc. Y que ahora toca liquidar las cajas de ahorros.

Acompañaban a la vicepresidenta en este viaje de aniquilación cajera el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Los dos últimos, encantados de la faena, corrieron a contárselo al Rey en sendas audiencias.

La reunión con los inversores americanos fue a puerta cerrada y, por lo que ha trascendido, la vergüenza aconsejaba que se cerraran bien cerradas puertas y ventanas. Quien más detalles ha proporcionado al respecto es Carlos Segovia en el diario El Mundo, un periodista que viene siguiendo con perspicacia los movimientos producidos en las cajas.

Según esta versión, la vicepresidenta y el gobernador aseguraron que todas ellas serán privatizadas en un máximo de cinco años; que no se limitará ni condicionará la compra de las mismas, renunciando así a la capacidad legal del Banco de España para frenar a inversores indeseables. Fernández Ordóñez, por su parte, sentenció que las comunidades autónomas son las principales responsables de que las cajas no hayan acometido una gestión profesional y que perderán capacidad de control en el sector. Ha obviado que el Banco de España siempre ha podido presionar a las cajas con sus facultades de control amenazando, si llegara el caso, con la intervención de las mismas como hizo con CCM. Ya tenemos, pues, un culpable o un cabeza de turco. Como si los directores de las cajas, salvando excepciones, no fueran tan profesionales como los de la banca.

El gobernador, que dispone de una información detallada y a tiempo real de bancos y cajas, donde tienen asiento sus inspectores, no hizo la menor autocrítica a la abdicación de sus responsabilidades, de cómo no fue capaz de impedir que estas entidades, como muchos bancos, se enladrillaran hasta la indigestión.

Ya sabemos que las cajas, que son de todos pero de forma más especial de las regiones donde están asentadas, además de sus impositores y trabajadores, están comprometidas con sus regiones y no son indiferentes a las indicaciones de los representantes del pueblo, como es lógico pues del pueblo son.

Es evidente que algunas han sufrido en sus cuentas de resultados acudir a financiar proyectos queridos por sus respectivos gobiernos, rara vez sin el consentimiento de las oposiciones, que también están presentes proporcionalmente en estas entidades; pero muchas presiones políticas que no se justificaban económicamente fueron resistidas con dignidad en la mayoría de los casos por los buenos gerentes.

Las cajas lo han pasado peor que algunos bancos porque están pegadas al terruño, mientras que éstos se han salvado porque la mayor parte de su negocio depende del extranjero. Algo tiene, pues, que ver con sus problemas el estancamiento de la economía española, del que las cajas no son responsables.

En todo caso hay un clamor en pro de una mayor profesionalización de las cajas que podía haberse conseguido sin necesidad de privatizarlas al amanecer.

fuente: El Siglo
Foto : Efe, y Público

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