sábado, 25 de septiembre de 2010

La huelga general y el futuro de la izquierda

Manuel Alcaraz Ramos
No creo que la huelga deba plantearse como un “todo o nada”. Los convocantes saben que hay asuntos en que las presiones internacionales y de los mercados serán tan enérgicas que la correlación de poder es adversa, pero que, a la vez, hay un amplio margen de modulación por parte del Gobierno, del Parlamento y de las actuaciones empresariales sobre el que se puede incidir.



Apoyo la huelga general sin ningún tipo de restricción mental, moral o política. Pero eso no significa que no reconozca que en torno a ella hay cuestiones controvertidas y opiniones adversas. Opiniones que escucho en amigos y colegas que, sin embargo, están contra las medidas que motivan la convocatoria. Por ejemplo: algunos consideran que la huelga se hace tarde. Siempre son discutibles las circunstancias de un hecho importante, pero, seguro, habrían aflorado otras críticas si la convocatoria hubiera sido antes: se habría dicho que se hacía demasiado pronto, sin agotar el tiempo de la negociación. Por no hablar la dificultad de organizar una huelga en verano o la generación de incertidumbre para el turismo.

Otros dicen discrepar porque la huelga no servirá para nada, porque los acuerdos ya están tomados y hasta Zapatero insinuó que no es legítimo oponerse a acuerdos adoptados en el Parlamento. Ciertamente si la huelga sale mal no alterará algunos de los peores acuerdos socioeconómicos, por lo que los que esgrimen de buena fe esta idea deberían ser los primeros en participar. En vísperas de todas las movilizaciones obreras se usa la tesis de la inutilidad, pero la historia de esas movilizaciones en la España democrática muestra que siempre han servido para cambiar situaciones que iban contra los intereses de partes significativas de la sociedad. Pero lo principal es entender que el concepto de “ir bien” ha de ser necesariamente elástico: la huelga, por ejemplo, quizá no obligue a cambiar todo el paquete de recortes, pero:
A) puede obligar a renegociar aspectos significativos del mismo;
B) puede servir para inclinar la balanza en algunas negociaciones en curso, como lo referente a pensiones;
C) puede incidir en asuntos colaterales como la tramitación de convenios colectivos;
D) puede prevenir futuras decisiones políticas que intenten perseverar en la línea de cargar los costes de la crisis en los que no son culpables;
E) incide en un movimiento europeo con ambiciones más dilatadas.

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fuente: Nuevatribuna.es

Manuel Alcaraz Ramos es Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Alicante y Director de Extensión Universitaria y Cultura para dicha ciudad. Ha militado en varias formaciones de izquierda y fue Concejal de Cultura y Diputado a Cortes Generales

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