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sábado, 30 de abril de 2011

De Telefónica y otras desfachateces

Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de Attac.


Los sucesivos ERE dejan al descubierto un proceso de externalizaciones, mediante el que se logra que muchos trabajadores presten sus servicios en Telefónica sin ser empleados de la compañía. Es un fenómeno generalizado en las grandes sociedades.

Deberíamos tomar conciencia de este hecho insólito, lo extraordinariamente difícil que resulta para el consumidor entrar en contacto con un trabajador que tenga una relación laboral con la compañía con la que se contrata un determinado servicio. Ni quienes nos atienden para darnos información, ni quienes nos hacen el contrato, ni quienes reciben nuestras reclamaciones, ni los operarios que realizan la instalación o que reparan las averías son empleados de la sociedad prestadora del servicio. Todos ellos son personal de contratas externas y, en algunos casos, subcontratas de subcontratas.

Varias son las consecuencias de esta situación. La primera, la progresiva precariedad de las relaciones laborales: los trabajadores son contratados en condiciones bastante peores que los de la compañía original, a menudo en calidad de autónomos ficticios y con retribuciones variables y mínimas. En segundo lugar, en momentos de crisis, el despido es mucho más sencillo aun cuando la sociedad esté obteniendo pingues beneficios, ya que la relación laboral es con empresas secundarias, muchas de ellas sin capital y fáciles de cerrar en caso de necesidad. En tercer lugar, y como resultado de las anteriores, la cualificación profesional es mucho peor y la asistencia que reciben los consumidores, por ello, más deficiente.

En Telefónica concurre además otra circunstancia que deja al descubierto la verdadera condición de nuestro sistema económico y político. Telefónica ha sido privatizada y a través de ella se puede conocer en qué ha consistido el proceso de privatizaciones. Se ha producido una simbiosis perfecta entre poder político y económico. El primero ha entregado a manos privadas las grandes empresas públicas que, además de prestar servicios a todos los ciudadanos, aportaban a la Hacienda Pública elevados beneficios.

Se ha provocado así un expolio. Los políticos han colocado al frente de las empresas privatizadas a sus amigos, sin mayor título ni mérito, y éstos en justa correspondencia les reservan para cuando abandonen la actividad pública un importante puesto o el sillón de un consejo. En este mundo económico empresarial no existen ni el mérito ni la capacidad, todo se reduce al chalaneo, a la recomendación, al tráfico de influencias. Se genera de este modo una elite ficticia, cuyos componentes se autodenominan grandes especialistas y se autopremian con retribuciones de escándalo, utilizando la pueril excusa de que de lo contrario, habría fuga de cerebros. Lo peor de todo es que terminan creyéndoselo. ¿Adónde van a fugarse que estén mejor?

Por otra parte, al tratarse de mercados cautivos los mayores o menores beneficios de las empresas no guardan relación con la gestión sino con la calidad del servicio y con las tarifas que se imponen abusivamente.

Lo único que han originado las privatizaciones es un incremento del desempleo, peores condiciones laborales, retribuciones de escándalo para los ejecutivos -que no representan a nada ni a nadie excepto a los amiguetes que los han nombrado o contratado-, un empeoramiento de los servicios públicos y la indefensión del consumidor carente de todo poder frente a las grandes empresas.

El colmo de la desfachatez consiste en afirmar, tal como ha hecho Esperanza Aguirre a propósito del Canal de Isabel II que su privatización significa devolver la propiedad a los madrileños; y el colmo de la estulticia, la del presidente de Loterías declarando que si este organismo se privatiza es para que sea más eficaz, con lo que está reconociendo que su gestión ha sido un desastre. El desenlace no debería ser privatizar la entidad sino cesarle.

fuente:Attac

martes, 19 de abril de 2011

CCOO emplaza al Gobierno a modificar "profundamente" la reforma laboral para "revertir" las causas que facilitan el despido

El secretario confederal de Seguridad Social, Carlos Bravo, y la secretaria confederal de Empleo de CCOO, Paloma López, han instado esta mañana al Gobierno a ""aprovechar" la Iniciativa Legislativa Popular que presentarán los sindicatos para su debate en el Parlamento, y de esta manera cambiar profundamente la reforma laboral que facilita a las empresas con beneficios presentar un ERE, en referencia al recorte de plantilla anunciado por Telefónica.
Paloma López y Carlos Bravo

En rueda de prensa celebrada esta mañana, Carlos Bravo criticó que el Gobierno legisle a "golpe de titular" y criticó que, con ocasión del anuncio de Telefónica de que quiere prescindir del 20 % de su plantilla, declare ahora que quiere impedir algo que el propio ejecutivo ha propiciado con la reforma laboral. "El Gobierno tiene que huir de la improvisación y el oportunismo y revertir la reforma laboral,", aseveró, procediendo a una profunda reconsideración de las causas que amplía y facilita las causas de despido con la mera previsión de que la empresa pueda registrar pérdidas.

Para el responsable de Seguridad Social de CCOO el ERE de Telefónica es "más que discutible" porque se produce en una empresa con beneficios, al tiempo que destacó la incoherencia que supone que ahora el Gobierno diga que quiere endurecer las condiciones para que las empresas con beneficios repercutan en las cuentas públicas el coste de la protección de desempleo, cuando el año pasado aprobó una reforma laboral que permite despedir con la mera previsión de que puede tener pérdidas.

Por su parte, la responsable de Empleo de CCOO también recordó que "la reforma laboral facilita que haya ERE cuando las empresas tienen beneficios" y que cualquier ERE debe ir acompañado de un plan de acompañamiento social, y asimismo alertó sobre la posibilidad de que Telefónica quiera sustituir empleo de calidad por la contratación de jóvenes becarios por 400€ al mes.