... A continuación expongo los principales argumentos en contra de la RB, pues aunque es una medida potente, factible y muy efectiva para combatir la pobreza, lleva aparejada importantes problemas macroeconómicos. Sin embargo, la propuesta que aquí defenderé no es el rechazo de la RB, sino su modificación para transformarla en un programa de Trabajo Garantizado (TG) que resuelva las limitaciones macroeconómicas al mismo tiempo que logre mejores frutos sociales que la RB....
Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado
Eduardo Garzón.

Recordemos que la RB es la concesión a todo ciudadano,
independientemente de su situación particular, de un ingreso fijo que le
permita cubrir sus necesidades vitales. De esta forma, nadie se vería
obligado a aceptar cualquier tipo de trabajo (por muy duro y precario
que fuese) para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad.
En cambio, el TG parte de la premisa de que si bien es cierto que hoy
día en nuestras sociedades hay muchísimas personas que no están
trabajando y nuestro deber como sociedad es evitar que por culpa de ello
pasen penurias, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en
nuestras comunidades. No tiene sentido que mantengamos inactivas a
personas que pueden y desean trabajar mientras las necesidades de
nuestros conciudadanos no estén cubiertas. En la actualidad necesitamos
que cuiden de nuestros mayores, de nuestros hijos y de nuestros
enfermos, que aumenten los servicios de ocio y cultura, que se cuiden
las infraestructuras, pavimento y fachadas de muchos barrios de nuestras
ciudades, que se reforesten enormes extensiones de terreno, que se
cuide la fauna y la flora de nuestro entorno, que aumenten y mejoren los
servicios sanitarios, que se defienda a los grupos discriminados y a
los más vulnerables, etc…

Una vez presentadas de forma sucinta ambas propuestas, pasamos a enumerar y describir las diferencias más importantes:
1) La RB genera tensiones inflacionistas; el TG no.
Por el lado de la oferta la RB busca acabar con los puestos de trabajo
de peores condiciones. Puesto que el empleado pasaría a cobrar un
ingreso mínimo sin necesidad de trabajar, podría abandonar su puesto si
considera que no le merece la pena. El empleador tendría que mejorar las
condiciones laborales para que el trabajador no abandonase, pero cabe
la posibilidad de que no pueda hacerlo (debido a las exigencias del
mercado: aumentar salarios le podría suponer demasiado coste para
mantener competitividad sin aumentar precios o para darle suficiente
rentabilidad a los accionistas. Si la mejora de condiciones laborales se
hace en este contexto, los precios de los productos aumentarían para no
ver mermado el margen de beneficio empresarial: habría inflación). Si
el empresario no puede mejorar las condiciones (en muchos sectores con
total seguridad no podría), ese tipo de trabajo desaparecería: habría
menos empleo y por lo tanto menos producción (menos oferta de bienes y
servicios).
Al mismo tiempo que eso sucede, la demanda de esos bienes y servicios
aumentaría puesto que todos los ciudadanos tendrían ahora más dinero en
sus bolsillos gracias a la RB. Este efecto conjunto tendría como
resultado un aumento notable de los precios de esos bienes y productos
(la ley de la oferta y la demanda manda: si ahora se venden menos
productos y a la vez hay más compradores el vendedor aprovechará la
situación para subir los precios). Con precios mayores el poder
adquisitivo de los ciudadanos que han recibido la RB se evapora: los
pobres siguen siendo pobres.
En cambio, con el TG no habría inflación. Por el lado de la oferta no
se producirían menos bienes y servicios sino que se producirían más
gracias a los nuevos programas de empleo. Además, al ofrecer un salario
uniforme y fijo (de 10 euros la hora por ejemplo) impide el empujar de
los precios por el lado de los costes salariales. Por otro lado, la
demanda aumentaría pero en mucha menor medida que en el anterior caso ya
que sólo se verían beneficiadas aquellas personas más necesitadas
(quienes quieren trabajar y no se les deja, y otras personas con
necesidades económicas), y no todas (ricas y pobres) como ocurre con la
RB. Por lo tanto, no habría tensiones inflacionistas porque aunque
habría más dinero para comprar éste no sería tan abundante como en el
caso de la RB y al mismo tiempo aumentaría la cantidad de bienes y
servicios puestos a la venta.
2) La RB depreciaría la moneda si España tuviese moneda propia; con el TG el efecto sería menor.
Si el dinero que aparece en los bolsillos de los ciudadanos gracias a
la RB se destina en buena medida a comprar productos en el extranjero (y
conociendo el tipo de productos que se producen y que no se producen en
España ocurriría con seguridad), una moneda propia se devaluaría
fuertemente. El efecto sería mucho menor en el caso del TG porque el
dinero en los bolsillos de los ciudadanos no sería tan abundante. Eso no
ocurriría con una moneda común como el euro, pero vale la pena tenerlo
en cuenta a tenor de los importantes movimientos anti-euro.
3) La RB no tiene en cuenta el ciclo económico, el TG sí.
La RB es universal y constante: siempre el mismo ingreso y para todos,
independientemente de si estamos en una época de boom económico o
recesión. En una época de expansión económica inyectar más dinero en los
bolsillos de todos los ciudadanos no hará sino calentar todavía más la
economía, provocando burbujas e inflación. En cambio, el TG es flexible y
contracíclico. En épocas de boom económico aparecerán en el sector
privado muchos puestos de trabajo mejor pagados que los ofrecidos por el
TG, de forma que muchos trabajadores del TG se trasladarían al sector
privado. De esta forma se estaría introduciendo mucho menos dinero
“extra” en los bolsillos de los ciudadanos, y por lo tanto no se estaría
calentando tanto la economía. En épocas de recesión ocurriría lo
contrario: muchos trabajadores despedidos en el sector privado pasarían a
trabajar en los programas de TG, logrando que no se enfriase tanto la
economía y evitando así la amenaza de la deflación (caída generalizada
de los precios).
4) La RB genera menos trabajo digno que el TG y de forma más limitada.
Con la RB se confía en la disponibilidad y voluntad del empresario para
mejorar las condiciones de trabajo hasta convertirse en empleos dignos
(de no hacerlo los trabajadores abandonarían). Muchos empleadores
podrían hacerlo pero otros muchos no. El TG se ahorra este problema al
crear trabajo digno de forma directa, sin necesidad de contar con los
empresarios. Además, con el TG se podría combatir directamente la
discriminación de género, racial y de cualquier otro tipo; algo que no
se podría controlar con la RB.
5) La RB no crea servicios sociales; el TG sí. Con
la RB no hay producción social (que sirva a los más necesitados), no al
menos más allá de la que estén dispuestos a realizar voluntariamente los
receptores del ingreso fijo. En cambio, el TG crea directamente puestos
de trabajo cuyo objetivo es a) mejorar las condiciones de vida de
muchas personas que lo necesitan y b) cuidar y respetar el medio
ambiente.
6) La RB sólo concede dinero, el TG mucho más.
Recibir un ingreso es sólo uno de los muchos motivos que hay para
trabajar, y a menudo ni siquiera es el más importante. Sentirse útil
para con la sociedad, aprender nuevas habilidades y conocimientos,
socializarse, entretenerse, viajar, etc, son otros beneficios que otorga
el TG y que la RB no puede ofrecer.
7) La RB no forma ni prepara al ciudadano, el TG sí lo hace.
Los conocimientos y habilidades adquiridas por el trabajador del TG lo
preparan para encontrar trabajo en el sector privado o para iniciar sus
propios proyectos en un futuro.
Eduardo Garzón
Fuente:LaMarea.com